A veces se intenta vender la idea de que los absurdos y peligrosos movimientos negacionistas (del VIH/SIDA, del cambio climático, del Holocausto, etc) son escépticos antes los temas que tratan, pero el escepticismo requiere siempre cuestionar las ideas y contrastarlas con evidencias, mientras que el negacionismo nunca tiene necesidad de refutar el motivo de sus dudas o críticas, solo confirmar su punto de vista.

El negacionismo se basa generalmente en la conspiración, en una injustificada incredulidad hacia cualquier fuente de información que contradiga su postura, por lo que busca fuentes alternativas que normalmente provenienen de falsos expertos (chiflados generalmente) y una selección muy parcial de evidencias y mala ciencia. Todo ello con un discurso plagado de falacias y retórica iluminada: “despertad, todo es una mentira”, que por suerte suele tener más exito en internet que en el día a día.

Realmente es una forma igual de cómoda de entender el mundo, donde todo entra en una misma lógica (por absurda o elaborada que sea) y por tanto no requiere cuestionar realmente lo que sabemos y lo que aprendemos porque nada se analiza críticamente.

Para formar el pensamiento crítico es esencial la educación y libros como El mundo y sus demonios de Carl Sagan tendrían que ser lectura recomendada en los colegios e institutos ya que recogen la esencia del pensamiento científico y el escepticismo, más necesarios que nunca en los tiempos de desinformación que vivimos.

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