Escepticismo vs negacionismo

Los absurdos y peligrosos movimientos negacionistas se suelen autodefinir erróneamente como escépticos. El escepticismo es una actitud intelectual que requiere siempre refutar las ideas y contrastarlas con evidencias, mientras que el negacionismo busca, o directamente inventa, las pruebas que reafirman sus ideas o creencias sin llegar nunca a ponerlas en duda.

El negacionismo se basa generalmente en una conspiración universal que cree que la verdad (de cualquier tipo) siempre se nos oculta, normalmente por una élite de personas cuyas supuestas motivaciones son autocontradictorias. Al haber descubierto esta «verdad revelada», los negacionsitas descartan cualquier información que pueda contradecir su visión de la realidad. Su oposición al consenso científico está también relacionada con una alta apreciación subjetiva de lo que estas personas creen saber y que contrasta con su conocimiento objetivo del tema. Por ello, buscan fuentes de información alternativas que normalmente provienen de personas que se hacen pasar por expertos, convencidos o estafadores, y basan su discurso en falacias (post), retórica iluminada («despertad, solo yo sé la verdad») y mala ciencia.

Los negacionistas rechazan comprender aquello que tememos o desconocemos y buscan un discurso confortable ante la complejidad del mundo cambiante que nos rodea, mientras que el esceptismo requiere contrastar y reajustar tus ideas en base a nuevas evidencias. Como decía Carl Sagan, «afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria». Los relatos negacionistas suelen ser un entramado confuso de detalles que no admiten errores porque nunca son analizados lógicamente o refutados con pruebas. Todo se pone en duda menos la veracidad del propio relato negacionista, que los seguidores reafirman de acuerdo a sus sesgos cognitivos (post). En definitiva, el negacionismo no comparte nada en común con las características más básicas de un pensamiento escéptico (post).

Algunos movimientos negacionistas como el terraplanismo son relativamente «inocuos» y tan recientes que ni siquiera eran noticia cuando este post se publicó por primera vez a principios de 2017. Por desgracia, otros movimientos pueden llegar a ser peligrosos, como el movimiento antivacunas, los negacionistas del VIH/SIDA, del cambio climático o del Holocausto. Los promotores principales de estos movimientos son responsables directos de los daños ocasionados por estos discursos, que perjudican, como siempre, a los más vulnerables.

No existen atajos para formar un pensamiento crítico, lo que existen son métodos y prácticas como las mencionadas en este blog para identificar falacias (post) y sesgos cognitivos (post), entender el método científico (post) o mejorar nuestra comprensión lectora (post), entre otras muchas. Todas las personas deben tener derecho a estos conocimientos de forma pública y gratuita. Cuanto más personas los adquieran, más protegida estará la sociedad y ayudará a construir un «pensamiento escéptico comunitario», usando el símil de inmunidad de grupo que otorgan las vacunas (post).

Por tanto, siempre es buen momento para recomendar la lectura de «El mundo y sus demonios» de Carl Sagan, donde expone extraordinariamente la necesidad -igual de vigente hoy en día- del pensamiento científico y el escepticismo (post) en tiempos de fanatismo y desinformación.

carl-sagan

— Post editado el 24 de Julio de 2022

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