El dualismo hace referencia a la vieja idea de que nuestra mente es un ente separado e independiente de nuestro cerebro (cuerpo). A pesar de la aceptación bastante generalizada de esta pseudociencia, también a nivel académico, las evidencias actuales contradicen completamente esta visión.

La premisa básica de la neurociencia actual es que nuestro cerebro es producto de la evolución y la mente, la inteligencia o la consciencia son propiedades (emergentes por añadirle un adjetivo) generadas por los procesos físicos y químicos que ocurren en las células (neuronas principalmente) del cerebro (1, 2).

Aunque pueden ser metáforas útiles, las ideas no flotan por el espacio a la espera de ser atrapadas por nuestro cerebro ni nuestra mente forma parte del éter cósmico, ya que al Universo no le gusta incumplir las leyes de la termodinámica.

El cerebro como proceso de la evolución es una idea sencilla pero poderosa ya que implica cuestionar la arbitrariedad de en qué punto se ha asignado un alma a una especie o entender que la consciencia y la inteligencia son propiedades mucho más graduales y comunes de lo que creemos, presentes total o parcialmente en grandes simios (3) u otros animales (4) y relacionadas con el tamaño del cerebro, el plegamiento de la corteza o el número de neuronas de la corteza entre otros factores.

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Árbol filogenético de mamíferos con sus índices de plegamiento de la corteza del cerebro.

El cerebro es además un órgano en constante interacción con el resto del cuerpo, donde la “mente” se ve afectada por las bacterias intestinales (5), el sueño (6) o el corazón (7), y las afecciones que antes se consideraban del alma o con desdén (ansiedad, depresión, apatía, etc) se tratarían más correctamente y mejorarían nuestra calidad de vida si se integrasen en una medicina actualizada basada en las evidencias de la neurociencia y no como algo sin relación con el cerebro y el cuerpo.

En los próximos años los avances en neurociencia seguramente harán replantearnos muchos de los conceptos que damos por sentados hoy en día, pero mantener ideas ya refutadas como el dualismo no ayudarán a un mejor entendimiento del cerebro.

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