Con la popularidad de internet como fuente primaria de información se ha incrementado también la propagación de noticias falsas, bulos y conspiraciones, sobre todo en redes sociales. ¿Cómo es posible?

Las explicaciones de los estudios al respecto tampoco son muy sorprendentes y concluyen que tendemos a seleccionar y compartir los contenidos por sesgo de confirmación, solo lo que reafirma nuestras hipótesis o creencias e ignoramos el resto (1).

Además, la homogeneidad social es el principal mecanismo de propagación de la información, lo que a su vez tiende a crear grupos cada vez más homogéneos y polarizados, llamados cámaras de eco (2) que tienden a rechazar cualquier crítica y solo sirven para reforzar su propia visión (3).

A esto se suma que estas noticias o historias suelen ser sensacionalistas y buscan provocar más una respuesta emocional sencilla que racional, por lo que es más fácil su asimilación y propagación (3).

El problema no es tanto que haya información errónea en internet (que es inevitable y no es exclusivo de internet) si no que no tengamos la capacidad crítica para analizar la información o al menos saber cómo poder verificarla.

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