El peligroso movimiento antivacunas

El movimiento antivacunas es una de las conspiraciones actuales más peligrosas ya que –en parte– ha contribuido a propagar brotes de graves enfermedades y campañas en contra de la vacunacion frente a COVID-19. Se da el agravante de que tanto los niños como los colectivos más desprotegidos, social y económicamente, son los más afectados por este movimiento negacionista. Por todo esto, es muy importante insistir en que las vacunas que se aprueban funcionan, son seguras y efectivas.

Las vacunas funcionan.
El funcionamiento general de las vacunas es conocido. Normalmente, el organismo se expone al antígeno (agente infeccioso atenuado o partes de él) de forma que no llega a inducir la enfermedad infecciosa, pero es capaz de generar una respuesta inmune primaria a través de células llamadas linfocitos T (inmunidad celular) y B (inmunidad humoral, las que producen anticuerpos). Una parte de estas células permanece, como células de memoria, y generan «memoria» inmunológica. De esta manera, cuando el verdadero agente patógeno -virus o bacterias, generalmente- nos infecta, nuestro cuerpo genera una nueva respuesta inmunitaria (secundaria) mucho más rápida y eficaz (Imagen 1). Este proceso de inmunización suele ser mucho más eficaz que la propia inmunidad natural, pero sobretodo se reduce mucho el riesgo de tener efectos graves o morir a causa de la enfermedad.

Imagen 1. Resumen de cómo funciona una vacunas. Fuente: BBC

✅ Las vacunas son seguras.
El desarrollo y aprobacion de una vacuna es un proceso métodico que debe superar varias fases para comprobar su funcionamiento, eficacia y seguridad antes de ser aprobada. El desarrollo de una vacuna empieza con una fase preclínica donde se estudian sus componentes, asi como el mecanismo y el efecto en animales antes de evaluarse clínicamente (en 3 fases en las que se va incrementando el número de participantes) donde se comprueba su seguridad, efectos secundarios y eficacia en humanos. Este proceso puede requerir varios años (hay excepciones) y el desarollo de la vacuna se suspende si no supera alguna de estas fases. Tanto seguridad como efectividad (eficacia en el mundo real) se siguen evaluando una vez se aprueban las vacunas.

Como en cualquier tratamiento médico las vacunas pueden tener efectos secundarios adversos. En general, los riesgos más comunes asociados con la mayoría de las vacunas son leves (fiebre de baja a moderada) y solo en casos con una probabilidad muy baja (generalmente por debajo del caso por millón) se puede dar reacciones alérgicas graves (Imagen 2). Los casos más raros y graves se estudian detalladamente pero no son un argumento válido en contra de la seguridad de las vacunas (falacia de evidencia incompleta), ya que los beneficios de las vacunas autorizadas superan ampliamente los riesgos.

❌ Y no, las vacunas no causan autismo. Este mito se basa en el «estudio» Wakefield, un artículo que relacionaba la vacuna triple vírica con la incidencia de autismo y que finalmente fue retirado al descubrirse que era un fraude. El estudio había sido financiado por grupos antivacunas y los datos del «estudio» fueron manipulados deliberadamente. Hay que ser taxativos, no existe ninguna evidencia científica que relacione vacunas y autismo.

Imagen 2. Posible efectos secundarios de la vacunación, desde comunes a raros. Fuente: Nature

Las vacunas son eficaces y efectivas.
Los niveles de morbilidad (personas que enferman) debidos a enfermedades infecciosas han descendido drásticamente desde la aplicación de los programas de vacunación generales para dichas enfermedades (Imagen 3). Y algunas enfermedades, como la viruela o la polio, han sido erradicadas completamente. Los resultados sobre la efectividad de las vacunas son abrumadores, incluso en las nuevas vacunas de ARNm de Moderna y Pfizer frente a SARS-CoV-2 (ver post).

Imagen 3. Ejemplos del descenso de casos de enfermedades en Estados Unidos de measles (sarampión), pertussis (tos ferina), mumps (paperas), rubella (rubeola), smallpox (viruela), diphteria (difteria) y polio. Fuente: Statista.

Parte de la altísima efectividad de las vacunas se debe a la inmunidad de grupo, que es la protección a nivel poblacional frente a una infección, como consecuencia de la baja probabilidad de propagación del patógeno cuando un alto porcentaje (no hay una cifra mágica) de la población está inmunizada.

La inmunidad de grupo hace que las personas que no están vacunadas tengan también una probabilidad muy baja de exponerse al patógeno en su día a día. Sin embargo, en caso de un brote epidémico focalizado (donde la probabilidad de exposición es mucho más alta), la probabilidad de que se contagien las personas no vacunadas serán muy alta. Aunque una persona vacunada también puede padecer la enfermedad, porque las vacunas son muy eficaces pero casi ninguna vacuna tiene una eficacia del 100%, su probabilidad de enfermar gravemente o morir será muy baja.

Sin embargo, puede suceder que cuando la mayoría de la población esté vacunada, haya más vacunados que no vacunados entre las personas hospitalizadas debido a la enfermedad. ¿Cómo puede ser? Simplemente porque el número total de personas vacunadas es mucho mayor y hay que tener en cuenta el porcentaje de casos (u hospitalizaciones) en cada grupo de población (denominada como incidencia). Por ejemplo, el 0,01% de 10 millones de personas vacunadas serían 1000 hospitalizaciones mientras que el 0,5% de 100 mil no vacunados serían 500 hospitalizaciones. En este ejemplo sencillo hay el doble de vacunados que de no vacunados hospitalizados pero el riesgo relativo (la probabilidad) de ser hospitalizado a causa de la enfermedad entre los no vacunados es 50 veces mayor (0,5% frente a 0,01%) al de los vacunados. Este concepto se puede también visualizar de forma sencilla (Imagen 4). Además, los datos de enfermedades como COVID-19 corroboran la menor incidencia de casos graves y fallecimientos entre personas vacunadas.

La mala interpretación de este tipo de datos y porcentajes es usada por muchos antivacunas en forma de falacias y sesgos (como el sesgo del superviviente) para mentir sobre la efectividad de las vacunas.

Imagen 4. Riesgo relativo de ser hospitalizado entre personas vacunadas y no vacunadas. Fuente: El País.

Hay que tener en cuenta que el principal objetivo de la mayoría de las vacunas es proteger a las personas frente a los síntomas graves que induce el patógeno. Es la denominada eficacia de las vacunas y se evalúa meticulosamente en los estudios clínicos. Adicionalmente, algunas vacunas pueden reducir la infección y transmisión del patógeno, cuando inducen una respuesta inmune que impide al patógeno replicarse. Es lo que se denomina como inmunidad esterilizante. Aunque muchas vacunas no sean esterilizantes, como frente a la COVID-19, los datos muestran que también son muy efectivas en reducir la transmisión del virus en la población.

➡️ Por tanto, la vacunación no es solo una decisión personal, como los antivacunas defienden, sino que también es una decisión con implicaciones sociales que pone en riesgo la salud del resto del resto de personas. La vacunación ha sido uno de los mayores avances médicos en la mejora de la salud pública. El rechazo voluntario de muchas personas a vacunar a sus hijos ha provocado brotes de enfermedades prácticamente erradicadas en Europa y Norteamérica.

Una última razón para desacreditar el movimiento antivacunas es la cruel hipocresía de que su origen y popularidad se produzca en los países más ricos, después de haberse beneficiado de programas de vacunación universales. Mientras, aún hoy en día, millones de personas en el mundo siguen muriendo por no tener acceso a muchas de esas vacunas.

Post editado y actualizado el 27 de Noviembre de 2021

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